Bailongo,
una fiesta.
Queda claro desde el comienzo que Bailongo es una fiesta,
y Rada nos invita a su fiesta. El primer tema es “Brindo”
y tiene destino de hit radial (“ojalá que
el tiempo ayude pa’ olvidar…”). “Bailando
inglés básico” es un candombe-funky,
“una canción que suena como si hubiera
juntado en el mismo estudio a los Kool & The Gang
y a la Miami Sound Machine de Gloria Estefan. (Sebastián
Auyanet, Diario El País, Uruguay). La murga “El
Uruguay es una taza de oro” fue el corte de difusión
obligado en su país. Una descripción de
los íconos charrúas donde conviven Benedetti,
Galeano y Onetti, el carnaval, el río ancho como
mar, etc. (“que aunque en el mapa este chico,
es lo más grande que hay…”). “Fiesta
en el río”, con ritmo de salsa será
el corte de difusión en Argentina, una canción
de amor con peces de mil colores. Gózalo, báilalo,
y siente cómo se adueña de todo tu cuerpo
el río.
Como en toda fiesta, en la estridencia de tanto baile,
se imponía una pausa, un tema para sentarnos
a escuchar. Rada echó mano a una perla de Fernando
Cabrera, “Te abracé en la noche”,
único tema del disco que no le pertenece.
Inmediatamente, propone “No está escrito”,
fusión de carnavalito con zamba argentinos (“Como
te he de querer no está escrito, esta forma de
amar no es normal…”). “Joya y Spencer”
es un candombe ecua-peruano de autoría compartida
con Andrés Arnicho, quien se encargó además
de la producción artística y la dirección
musical de Bailongo. Homenajea a dos grandes jugadores
que actuaban en Peñarol, Juan Joya y Alberto
Spencer (“fue fácil para los dos, el juego
de la pelota, uno levantaba el centro, otro ponía
las motas…”).
“El incendio” es un hermoso bolero (para
bailar también). Rada se incendia de amor, y
con su tradicional falsete agudísimo declara
que “es algo tan brutal, algo tan genial…
mi vida no me enciendas más”. “La
escuela del cha cha chá” es una digna sucesora
de “Cha Cha Muchacha”, y en medio del torbellino
rítmico del tema, deja caer la fabulosa síntesis
existencial: Para querer hay que poner el alma, para
entender hay que lograr la calma, para bailar hay que
ponerle ganas.
Para cerrar, sublime versión gospel de “Te
abrace en la noche”, sólo con piano y las
voces de Rada.
Silencio para escucharlo. Fin del Bailongo.
El
misterio Rada
La carrera de Rada es extensa y variada, hizo de todo.
Protagonizó el nacimiento del rock en Uruguay
durante la década del 60 como el quinto Shaker,
y más tarde formó parte de tres grupos
fundamentales de la MPU: Opa, Tótem y El Kinto,
junto al mítico Eduardo Mateo. Se bañó
con sus compañeras de elenco en la ópera-rock
“Hair” en los ’70; vivió más
de 15 años fuera de su país (Suiza y México).
A su regreso al Uruguay en los 90’s, se reinventó
como músico y animador, e hizo cine, televisión,
radio y música para chicos.
Rada es todo un personaje. A los sesenta y cuatro años,
parece cargar sin problemas con todo lo que, a través
de su carrera, lo ha transformado en eso que él
mismo llama “El Misterio Rada”. “Ese
misterio es que nunca se sabe lo que yo hago. Porque
hice y hago de todo. Por eso yo digo: no lo busquen
a Rada, porque no lo van a encontrar. Soy un tipo que
vive en un país colonizado, que escuchó
a Joao Gilberto, Sinatra, Nat King Cole, Los Plateros,
Astor Piazzolla, D’Arienzo, Los Beatles, Carlos
Gardel, Charly García, el Club del Clan. Escuché
todo y tengo toda esa música metida adentro.
Arranqué cantando canciones de todo el mundo
hasta que empecé a hacer mi música, pero
soy un buen colonizado y soy un tipo de fusión.
Si se busca en mí algo auténtico, éso
es el candombe, cuando lo toco realmente. Pero después,
no. No me quejo de eso, soy así. Ojalá
pudiera tener un estilo, que todo el mundo supiera qué
soy, como B. B. King, que es un blusero. Pero no soy
un candombero tampoco. Soy un personaje raro, lo sé,
y me divierto”. |